viernes, 18 de febrero de 2011

EL HÁBITO DE HACER BIEN LAS COSAS

El valor de la disciplina


Al leer la vida de los grandes hombres nos damos cuenta de que la primera victoria que ganaron fue sobre sí mismos. La autodisciplina fue lo primero en todos ellos.

La disciplina es la decisión de lograr lo que realmente se quiere, haciendo las cosas que usted en realidad no quiere hacer. Después de pasar algún tiempo obrando así, la disciplina se convierte en la decisión de alcanzar lo que realmente se quiere.
 
Quizá el resultado más valioso de toda educación es la capacidad de hacer las cosas que tiene que hacer cuando deben ser hechas, le guste o no le guste.
No siempre se trata de hacer las cosas que nos gusta hacer, sino hacer las cosas que tenemos que hacer lo que produce crecimiento y nos hace triunfar.
El éxito depende no meramente de cuán bien usted haga las cosas que le gustan, sino de cuán concienzudamente cumpla con los deberes que no le gustan.
 
Comience con poco. Lo que usted va a llegar a ser mañana, ya lo está llegando a ser ahora. Es esencial comenzar a desarrollar autodisciplina en una pequeña medida ahora, para ser disciplinado en gran medida mañana.
Edwin Markhan dice: En el plano humano/ nada vale la pena hacer/ si no hace al hombre. / ¿Por qué construir ciudades gloriosas, / si el hombre mismo sin construirse queda?/ En vano construimos el mundo, / si el constructor no es construido.
 
Cuando usted es organizado tiene un poder especial. Sus prioridades están claras en su mente. Todo encaja en su lugar, cuando revela sus planes. La gente cree sus promesas porque usted siempre cumple.
 
La integridad en un líder debe manifestarse diariamente en muchas maneras tangibles: debe ser sincero porque hay quienes confían en usted. Debe cumplir su palabra; el único defecto de carácter universal o pecado imperdonable que siempre condujo a la caída fue traicionar la confianza, es decir, no hacer lo que se prometió.
 
Mientras mi carácter sea defectuoso, marcado por la duplicidad o la falta de sinceridad y de autodisciplina, entonces no podré triunfar.
 
Mi duplicidad originará desconfianza y todo lo que haga, aún usar las así llamadas técnicas de relaciones humanas, será percibido como manipulador. No importa cuán buena sea la retórica. Si hay poca o ninguna confianza, no hay fundamento para un éxito permanente.
 
OPINION publicada en el diario "El Peruano"

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